Por: Enrique Gómez
CEO Corporativo TODES

Con base en los principios libertarios de la Ilustración, la Revolución Francesa abolió en 1791 el delito de sodomía, lo que propició la paulatina despenalización de la homosexualidad en Europa y América durante los siglos XIX y XX. Surgieron entonces los primeros estudios científicos sobre homosexualidad, alejados de la esfera moral; y aparecieron los primeros activistas, organizaciones, revistas y bares de homosexuales y transgéneros, cuyo mayor auge se vivió en Alemania, durante la República de Weimar, al cierre del siglo XIX. No obstante, los códigos penales de muchos países occidentales introdujeron una nueva norma homofóbica relativa a “las faltas a la moral”.

La liberación sexual de inicios del siglo XX se fue al traste con la llegada de los regímenes totalitarios en Alemania, Italia, España, la Unión Soviética y las naciones comunistas, como China; donde la homosexualidad se consideraba un rasgo de inferioridad, un defecto genético y/o un vicio decadente de la burguesía.

A mediados del siglo XX, la diversidad sexual enfrentó una de las etapas más aterradoras de la historia: La satanización de las religiones, la condena social, la persecución policiaca y la patologización de la psiquiatría.

Los homosexuales pasaron de ser vistos como pecadores y delincuentes a enfermos mentales; muchos fueron internados en centros psiquiátricos y sometidos a lesivas terapias de electroshock, lobotomías y reorientación sexual para “curar su desviación”.

Igualdad, Discriminación y Derechos Humanos

La proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1949 fue el punto de partida para la construcción del andamiaje jurídico a favor de los derechos humanos y en contra de la discriminación: “Todos los seres humanos nacen iguales en dignidad, derechos y libertades, sin distinción”.

Auspiciada desde el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta declaración fue la inspiración de tratados, convenciones y leyes a favor de la igualdad y la inclusión, que décadas después cobijaron a las personas LGBTTTIQ+ y a quienes viven con VIH/sida:

  • Convención Europea sobre Derechos Humanos (1953).
  • Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966).
  • Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969).
  • Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (1993).
  • Declaración del Milenio (2000).
  • Principios de Yogyakarta sobre Orientación Sexual e Identidad de Género (2006).
  • Declaración sobre Orientación Sexual e Identidad de Género de Naciones Unidas (2008).
  • Resolución de la OEA respecto a los Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género (2008).

Despatologización de Homosexualidad y Transexualidad

De 1973 a 1986, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) eliminó paulatinamente a la homosexualidad de su Manual de Trastornos Mentales; y el 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerarla una enfermedad.

En 2018, la OMS sacó a la transexualidad de su capítulo de trastornos mentales, pero la clasificó como “incongruencia de género”; por lo que la despatologización de la transexualidad es uno de los grandes pendientes del activismo LGBTTTIQ+ en todo el mundo.

Hoy por hoy, con base en el Derecho Internacional, las personas LGBTTTIQ+ ya no deben ser discriminadas por considerarlas enfermas o trastornadas, ni tienen que sufrir las peligrosas terapias de reorientación sexual o redefinición del género.

Por todo lo anterior, las empresas deben apegarse al marco normativo vigente y así como cumplen estrictamente con el pago de impuestos, con el cumplimiento de normas ambientales y mercantiles; así también la alta dirección corporativa debe estar atenta a cumplir con las normas de Diversidad, Equidad e Inclusión en los territorios donde operan.

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